Volviendo al punto de partida
Mí único contacto en el mundo del porno se había esfumado. Volvía a partir de cero.
Insisto en señalar que la situación en ese momento era muy diferente a la actual. No había posibilidad de contactar por e-mail, porque internet estaba en sus inicios y casi nadie tenía web ni correo electrónico. Y además, el mundillo por entonces era mucho más cerrado. Ni cualquiera era actor, ni salían actrices (de ahí el boom de Celia, llegó en el momento preciso al lugar adecuado), ni apenas había productoras que se dedicasen a esta actividad. Era realmente complicado acceder a cualquier persona con contactos reales o a lograr la información sobre tales personas.
Durante los meses siguientes, los Lapiedra y Celia comenzaron a acaparar los medios de comunicación. Revistas, reportajes de televisión, etc. Como es de suponer, nada de eso me resultó indiferente.
Una mezcla de rabia e impotencia es lo más aproximado al sentimiento que se generaba en mí cada vez que observaba cómo su notoriedad crecía. Ya sé que quedaría mucho mejor decir que me alegraba sinceramente y que me resbalaba que ellos lo hubiesen logrado, pero ya he advertido que no estoy aquí para venderme ni para contar mentiras. Así que admito abiertamente que su éxito no era plato de buen gusto para mí.
Imaginaba que podría haber estado ahí, con ellos, codeándome, como ellos hacían,con estrellas como Sophie Evans, Toni Ribas, Max Cortés y otros, pero que al darme de lado, habían cercenado esa posibilidad. Sin embargo, no me daba por vencido.
Así transcurrió todo ese año, sin que pudiese lograr avance alguno. Pero el Festival erótico volvió, y esta vez mi chica y yo pensamos que no podíamos dejar la ocasión. Allí seguro que haríamos contactos y alguien se interesaría por nosotros. Ya no éramos unos recién llegados con el miedo en el cuerpo.
Allí fuimos y la sensación fue agridulce. Nos echaron muchas fotos (ella llamaba bastante la atención y por entonces la presencia de mujeres entre el público era anecdótica), pero nadie se acercó con ninguna propuesta. Y, sinceramente, me daba demasiado respeto acercarme a un stand y explicar que mi deseo era ser director.
Tan sólo un fotógrafo se acercó a mi pareja y nos preguntó. Le informamos de nuestro deseo de poder entrar en el porno y nos entregó una tarjeta. Decía conocer a Conrad Son y a alguna gente de IFG. Aunque lo único en claro que sacamos de ese contacto fue charlar con Sara Bernat en el bar que tenía junto a La Farga, que tampoco nos aclaró demasiado las cosas.
Dejando aparte las intenciones del fotógrafo en cuestión –que no había que ser un lince para verlas- la verdad es que casi toda la gente que conocimos de allí en adelante parecía cortada por el mismo patrón. Decían conocer o decían tener pero ni conocían ni tenían. No había forma de dar con la clave que nos abriese esa puerta que se nos resistía.
Manos a la obra
Un día, a través de un foro, di con alguien que parecía tener criterio, seriedad, y saber de lo que hablaba. Su nombre era Oscar Barés, y tras intercambiar algunos mails, quedamos en vernos en la cafetería Ars de la Estación de Sants. Hubo una buena conexión desde el primer momento, le expuse mis ideas y se prestó a ayudarme.
A pesar de no estar vinculado propiamente a persona alguna del sector, tenía conocimientos técnicos y contactos para conseguir material, algo imprescindible para lograr el que se había convertido en mi objetivo principal:
Grabar un corto X y presentarlo al I certámen que organizaba el FICEB.
Hasta ese momento lo que había oído de casi todos era que debía grabar una escena y mostrarla por las productoras, pero, para hacer eso, yo preferí apostar por el Festival de Cortos. Al menos si ganaba, tendría cierta notoriedad.
Oscar y yo nos pusimos a trabajar. Pusimos anuncios para buscar chicos, organizamos un casting y comenzamos a trabajar en el proyecto.
Pero aquello no funcionó, por dos razones. Oscar tiene demasiada buena fe, y yo, a esas alturas, ya era demasiado desconfiado.
Lapiedra, el fotógrafo, productores fantasma…cada uno de esos episodios aumentaba mi irritabilidad. Me resultaba increíble que la sinceridad brillase por su ausencia de un modo tan escandaloso.
Así que, cuando a Oscar le prometieron cuatro cosas, él me las dio a mí por seguras, y luego no salieron, mi reacción fue pensar que, una vez más, me estaban tomando el pelo. Me negaba a creerlo, porque mi olfato me decía lo contrario, pero poco tuvieron que pincharme para que yo saltara.
Dado que Oscar es una persona con carácter, respondió a un mail que le envié en un tono desafiante. Y cuando nos citamos, una vez más, en la estación de Sants, ni se molestó en aparecer ni en responder al teléfono. Desde ese momento, pasó a engrosar mi lista negra.
Sin embargo, como podréis comprobar en futuras entregas de este serial, no siempre las cosas son lo que parecen ser. Y yo necesité de algún tiempo para darme cuenta que mi comportamiento, en este caso, no había sido el más correcto.
A esas alturas, mi moral estaba bajo mínimos. Era un año y medio de promesas, ilusiones y desengaños. Pero resultados tangibles, ninguno.. Había malgastado tiempo buscando quien me produjese una escena. Había malgastado tiempo con personajillos de dudoso pelaje.
Así que decidí tomar el toro por los cuernos. Yo, con mi dinero, produciría el corto. Y con un par de huevos, le escribiría a quien hiciese falta para expresarle mis intenciones.
Un día localicé la web de Natalia Kim, y me atreví a enviarle un mail explicándole mi situación. Su respuesta me sorprendió, tanto por su inmediatez como por su contenido. Nunca olvidaré sus palabras:“Si diriges igual que escribes, te auguro un futuro brillante”. Y quedamos para tomar un café.

Natalia Kim, la primera persona del sector que creyó en mí
Al fin tenía un contacto real. Con alguien importante. Y estaba muerto de miedo.
Charlé con Natalia e hicimos ese café. Imagino que notaría mi nerviosismo, que era más que evidente, pero me animó en todo momento. Ella nunca fue consciente de la importancia de su respuesta ni de su invitación, pero en un momento en que estaba casi derrotado, que me animase a luchar, supuso el impulso que necesitaba para abordar por fin la recta final de mi desesperada búsqueda. La de un resquicio por el que colarme en ese maravilloso mundo del porno.
~ por Xuancar en Abril 6, 2008.
Escrito en Celia Blanco, Natalia Kim, Oscar Barés, Ramiro Lapiedra, historia
Etiquetas: Oscar Barés
2 comentarios to “Volviendo al punto de partida”
Escribe un comentario
Tienes que iniciar sesión para escribir un comentario.



Hola Xuancar, ¿qué tal todo? Estoy revisando tus primeros pasos en el bloggeo de hechos personales y me parece que está muy interesante. Siempre te he visto como una persona decidida, y sin lugar a dudas este relato me está descubriendo la realidad de todos, tanto la de la gente que confió (o traicionó) como en tus dudas y esperanzas, en tus problemas y tus éxitos. Espero, sin duda, que sigas con la línea que has dejado entrever en estos primeros días. Un abrazo afectuoso, y cuando quieras ya te escribo otro artículo para Milkyway. Salu2
dogame dijo esto en Abril 6, 2008 a 9:21 pm
Hola Dogame, me alegro que te parezca entretenido hasta ahora, trataré de que así continúe, aunque estaría bien que me fuerais guiando un poco acerca de las cosas que más os apetece conocer.
Gran parte del blog consistirá en contar mis vivencias, desde luego, pero estoy seguro de que quien siga el blog tendrá curiosidad por conocer algo más que mi vida y estaría bien saber por donde encaminarlo.
Con respecto a colaboraciones para Milkyway Channel, ya sabes que tienes las puertas abiertas, sugiereme algún tema y vemos qué enfoque le damos, ok?
Xuancar dijo esto en Abril 6, 2008 a 10:52 pm